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Historia de la menstruación: Productos menstruales

Historia de la menstruación: Productos menstruales

Compresas con alas, sin alas, ultrafians, extraabsorbentes, tampones con aplicador, copas menstruales de mil formas y colores, compresas eco, compresas de tela reutilizables, salvaslips de tela, braguitas menstruales. Hoy en día existe una infinidad de productos para recoger el sangrado menstrual. ¿Pero cómo lo hacían nuestros antepasados?

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que las mujeres menstruaban con mucha menos frecuencia de lo que lo hacemos ahora. La esperanza de vida era menor y las mujeres tenían muchos más hijos y en muchos casos estaban enfermas o desnutridas lo que hacía que tuviesen menos periodos. Además, la edad de la primera menstruación se ha ido adelantando, por lo que las personas menstruantes de nuestro tiempo, tienen muchas más reglas a lo largo de su vida que sus antepasadas.

El documento médico más antiguo que se conserva es el llamado “Papiro de Ebers” y es en este tratado médico en el que encontramos, por primera vez en la historia, mencionado el uso de productos para recoger el sangrado menstrual. Concretamente lo que aquí se menciona son los tampones.

Los primeros egipcios, asirios y babilonios usaron una especie de tampones rudimentarios de usar y tirar compuestos por fibra de papiro o caña acuática y hierbas, que antes trabajaban y reblandecían. Hacia el año 1500 a. C. las mujeres de clases más pudientes usaban papiro mientras las clases más bajas caña acuática.

Primeros métodos de absorción menstrual: historia de la compresa

De hecho, si las mujeres se refugiaban en un sitio seguro durante su periodo menstrual, quizás recogiesen su sangrado en cuencos o simplemente lo dejasen fluir. Se sospecha que hasta el siglo XIX las mujeres que trabajaban el campo no utilizaron ningún tipo de protección y dejaron correr su sangre libre.

Debido al gran tabú que la sangre menstrual ha supuesto a lo largo de la historia, resulta imposible saber a ciencia cierta lo que realmente usaron, aunque lo más seguro es que hubiesen sido trapos, pieles, lanas, musgo, retales, plantas, etc.

Educación menstrual: cómo surgieron las primeras compresas

A finales del siglo XIX surgen las primeras compresas. Pero nada tienen que ver con lo que son ahora. Estas eran reutilizables e iban sujetas a un cinturón que las sostenía. Mucho mas grandes en tamaño ya que se ajustaban a la altura del ombligo y del coxis.  Se componían de trapos, lana y algodón en su interior. Las compresas se vendían junto a otro invento. Un mandil para la parte trasera del vestido que evitaba que se viesen las manchas de sangre que traspasaban la ropa.

La aparición de compresas desechables tal y como las conocemos ahora, no surge hasta finales del siglo XIX. La empresa Jhonson&Jhonson empezó a comercializar sus “Lister’s Towels” en 1896. Aunque fue más tarde, en los años 20, cuando empezaron a comercializarse con más éxito.

Ilustración histórica sobre menstruación y primeros productos absorbentes

Este invento surge de la aparición de las vendas quirúrgicas de celulosa que durante la Guerra se utilizaron para tapar las heridas de los soldados. Estas vendas resultaron mucho más absorbentes que el algodón. De allí que las enfermeras empezaran a utilizarlas para recoger el sangrado menstrual.

Tras las primeras compresas, en la década de los 30, surge el primer tampón desechable. Patentado en 1933 y comercializado bajo el nombre de “TAMPAX”.

Años más tarde, en 1937, Leona Watson Chalmers inventó la copa menstrual que tan de moda se ha puesto en los últimos años. Aunque en sus inicios no tuvo mucho éxito ya que la producción de su primera patente se vio obstaculizada por la escasez de caucho debido a la Segunda Guerra Mundial.

Las opciones desechables como el tampón y la compresa han llegado hasta nuestros días convertidos en productos que contienen una gran cantidad de sustancias tóxicas y dejando una gran huella ecológica a su paso.

El algodón ha sido reemplazado por celulosa blanqueada con cloro, las fibras sintéticas por polvos absorbentes a menudo derivados de hidrocarburos, por perfumes, plástico y sustancias desodorantes en su mayoría tóxicas. Sustancias potencialmente cancerígenas y que además provocan un desequilibrio endocrino.

 

 

Existe un rentable negocio detrás de nuestra sangre menstrual. Un conjunto de multinacionales que nos han hecho creer que nuestra sangre huele mal, que sangramos un líquido azul, o que los días de regla te apetece dar volteretas. Y peor aún, nos han hecho creer que sus productos eran buenos para nosotras, obviando enfermedades tan graves como el shock tóxico, entre otras infecciones y alergias.

¡Que no te sigan engañando con anuncios divertidos y canciones pegadizas! Infórmate, y empieza a formar parte de nuestra revolución.

 

Evolución de los productos menstruales: primera compresa y métodos antiguos

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